Eran más de las doce, y aún seguía en el despacho trabajando, no tenía nada mejor que hacer ya que nadie le esperaba en su casa.

Se levantó y cerró de un golpe el cajón de su mesa. Decidió marcharse a su casa, cogió su maletín y se fue.

No vivía lejos, y se fue andando.

Era una noche de primavera, pero fría, llegó a su casa y se sentó junto a una estufa.

Abrió el mueble bar, y sacó una copa de cristal y una botella de vodka del caro. Se sentó a beber mientras pensaba en su vida.

Estaba harto de su trabajo de abogado de oficio, de que su ex-mujer lo dejara a la primera de cambio sin hablar sus problemas entre ellos, de que no fuera feliz.

Hacía años que no cogía vacaciones, decidió que era hora y pensó a dónde ir. Cogió el globo terráqueo y lo giró, puso el dedo y allá donde paró, se marcharía.

Hizo las maletas, encargó un billete y a la mañana siguiente se marchó. Antes llamó a su jefe y le pidió las vacaciones. Se las dio, ya que hacía años que no tenía.

A las once de la mañana cogió el avión hacia Grecia.